Por Jose María Gavira Vallejo
Hace unas semanas informábamos en este blog del descubrimiento de un sainete lírico llamado La Comedia de Ubrique, cuyo libreto ofrecíamos a nuestro/as lectore/as. Y prometíamos que trataríamos de encontrar las partituras. Pues bien, tras buscar en varias bases de datos de archivos y bibliotecas españoles y extranjeros y pedir ayuda a varios expertos, una profesora de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNED, Pilar Lago Castro, especialista en Didáctica de la Educación Musical, que amablemente se interesó por el asunto desde el principio, nos las encontró.
Concretamente, el Centro de Documentación y Archivo (CEDOA), de la SGAE, las tiene manuscritas. Se trata del documento MMO-1101. En realidad está compuesto por bastantes libros:
- Parte de Apuntar (la principal, referida a canto y piano). Tiene 46 páginas.
- Violín director
- Violín 1º
- Violín 2º
- Violas
- Contrabajo
- Flauta
- Clarinete 1º
- Clarinete 2º
- Cornetines
- Trombones
- Tiple
- (Coro) Tiples 2as
- (Coro) Tenores 1os
- (Coro) Tenores 2os
- (Coro) Bajos
- Particella del Tío Tipiruqui.
El CEDOA solo facilita la parte principal (canto y piano), pero su directora nos asegura que es suficiente para hacerse una idea de la obra, e incluso para representarla. (El material completo, que incluye toda la orquestación, también se puede conseguir, pero bajo alquiler.)
Si alguien está interesado/a en tener la partitura, puede descargarla de aquí. Y si tiene conocimientos suficientes de música y quiere pasar aunque sea un fragmento a “midi” (o bien lo interpreta a piano y lo graba y nos lo envía en formato “mp3” o similar) lo agradeceríamos mucho y lo colgaríamos para que todo el mundo puede apreciar cómo suena este sainete lírico inspirado en nuestro pueblo y que es posible que lleve en silencio casi 119 años.
En el Instituto Las Cumbres
Por otra parte, sabemos que el descubrimiento de esta reliquia histórico-cultural ha despertado gran interés en el Instituto de Enseñanza Secundaria “Las Cumbres”. Tanto, que van a organizar este curso una serie de actividades pluridisciplinares en torno a la “nueva” Comedia de Ubrique. Ha sido una idea de la profesora Esperanza Cabello Izquierdo, que coordinará a los profesores que se encargarán del estudio musical, la ambientación histórica, el contexto literario, la pintura de escenas de finales del siglo XIX (tarea de la que se encargará el profesor Manuel Martín Morgado, del que ven un nocturno de Ubrique aquí al margen), etc. Y, finalmente, incluso podría representarse.
Un poco más de historia
Y entretanto hemos sabido un poco más de la historia de este sainete lírico. Aparte de la fecha de su estreno (el 24 de octubre de 1890, según figura en el libreto, lo que supone que dentro de 10 días cumplirá 119 años), ahora sabemos que estuvo en cartel en el teatro Romea de Madrid al menos hasta el día de Reyes Magos del año siguiente (1891).
(La Correspondencia, lunes 27 de octubre de 1890)
(Diario Oficial de Avisos de Madrid, lunes 27 de octubre de 1890)
(El Imparcial, martes 6 de enero de 1891)
Por otra parte, la cita más antigua que hemos encontrado por el momento referida al proverbio sobre la “Comedia de Ubrique” es esta que aparece en el periódico La Discusión de Madrid del 25 de noviembre de 1868 y que trata de un enfrentamiento entre monárquicos y republicanos en una reunión política (reproducimos el fragmento de la crónica que más nos interesa):

Nótese que se refiere a una trifulca entre dos facciones, lo que hace más probable que la versión de Enrique Zumel (dos grupos en discordia en una representación teatral) sea más realista que la del gaditano Adolfo de Castro (un pueblo que se echa al escenario durante una representación teatral para pegar a algunos cómicos). Vean también la opinión al respecto de Isabel Álvarez, que también es más cercana a Zumel que a De Castro.
De hecho, de De Castro desconfían muchos eruditos porque era un falsificador literario impenitente. Él presentó su hipótesis sobre el origen del dicho en su obra Varias obras inéditas de Cervantes: sacadas de códices de la Biblioteca colombina, con nuevas ilustraciones sobre la vida del autor y el Quijote. El erudito cervantista Francisco Rodríguez Marín se hizo eco de la misma en una nota al pie de su edición crítica del Quijote de 1916, pero obsérvese con qué cautas palabras lo hace: “Si hemos de creer a don Adolfo de Castro, de un suceso parecido se originó la comparación popular andaluza ‘Acabó como la comedia de Ubrique’…”, y a continuación figura la explicación sobre el supuesto “asalto del escenario” que ya conocemos.
Pero sigamos recogiendo citas del dicho. En el diario La Época del 22 de octubre de 1871 (página 2) leemos, dentro de una crónica titulada “La Internacional en Madrid – Sesión pública celebrada en el teatro de Rossini”:
(Más tarde, en 1875, el libro Historia de la Revolución de Setiembre [sic]: sus causas, sus personajes, sus doctrinas, sus episodios y sus resultados, de Eduardo María Vilarrasa y José Ildefonso Gatell (volumen 2), se hacia eco de esa crónica.)
También en 1871, aparece el dicho en la rara obra El Averiguador: Correspondencia entre curiosos literatos, anticuarios, etc., etc., de José María Sbarbi y Osuna.
El dicho aparece recogido en el Diccionario de refranes, adagios, proverbios, modismos, locuciones y frases de la lengua española, recogidos y glosados, de 1922, y en el Gran diccionario de refranes de la lengua española, de 1943, ambas obras del citado José María Sbarbi y Osuna. Y en el Diccionario geográfico popular de cantares: refranes, adagios, proverbios, locuciones, frases proverbiales y modismos españoles, de Gabriel María Vergara y Martín (1923).
Ya contemporáneamente, cita el dicho Fernando Quiñones en su obra Nos han dejado solos: libro de los andaluces y también en Tusitala: cuentos completos:
(…) Primero, el Club Taurino de Fraüenburg, que aquello acabó con una de trampas y de disgustos que ni la Comedia de Ubrique. Después (…)
Una curiosidad más: el hecho asegurado por De Castro (sea verdadero o falso) sobre Ubrique (es decir, que un colectivo se toma tan en serio una representación que olvida que es tal) aparece en otras obras literarias. Por ejemplo, en La tregua, del escritor judío Primo Levi, quien vivió terribles experiencias en los campos de concentración nazi, de los que salió por verdadero milagro. En el capítulo llamado Vacaciones narra un suceso parecido. Refiriéndose a una película que están proyectando a los habitantes de uno de los campos ya liberados para que se entretengan, cuenta Levi:

